dimecres, 10 d’octubre de 2012

El origen de la novela

El género literario de las novelas fue una lectura de ocio de las mujeres en la edad media. Al siglo XI cambiaron el código latín por otros idiomas, como pueden ser el francés, el castellano o el catalán. Al siglo XIII, Carlomagno da luz a una idea en que quiere gobernar por igual a todos sus territorios. Empieza a haber una nueva clase (ni clero, ni gobernantes) que accede a la escritura y lectura en otras lenguas que no sean el latín. Además, algunos reyes impulsan su utilización. No hay procedencia clásica.

Godofredo de Monmouth
El origen de las novelas se retrasa al siglo XII, cuando Normandía estaba gobernada por una corte de Enrique II Plantagenet (que accedió al trono en 1153) y Leonor de Aquitana, antigua reina de Francia. Normandía, en la segunda mitad del siglo XII, era una zona muy culta, y cuando estos invadieron el sur de Inglaterra, llevaron toda su cultura allí. Los anglosajones, para contrarrestar los productos franceses, crean una historia británica ficticia. Historia Regum Britanniae, escrita en latín entre los años 1130 y 1136 por el monje galés Godofredo de Monmouth, cuenta una historia de la antigua Britania. A pesar de estar mayormente inventada, es una valiosa obra de literatura medieval, que contiene la más antigua versión conocida de la historia del Rey Lear y sus tres hijas, y ayudó a que los lectores que no hablaban galés conocieran la leyenda del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. Este tipo de narraciones con apariencia histórica y mezclas de la realidad con la ficción (mitología, historia, leyendas y tradiciones anglosajonas) se denominan pseudohistorias.
 
La novela escrita por el monje fue tan popular que se tradujo al francés, inspirando a los Normandos a crear “El caballero de la Carreta”. Chrétien de Troyes y Maria de Francia, ambos eruditos, crearon pequeñas y costosas obras, ya que el pergamino no era barato. Usaban borradores de cera e oveja, y tardaban más en escribir libros.

En el siglo XIII se edita la Bulgata Arturica, que es un conjunto de novelitas anteriores, gracias a la invención del papel, ya que no es tan caro como el pergamino. Las novelas de este conjunto tienen un argumento similar, siempre siguiendo este esquema: un caballero de oscuros orígenes tiene que saber de dónde proviene, tiene que encontrar su verdadera identidad que ha sido escondida. El caballero acostumbra a ser valeroso, intrépido, maneja muy bien las armas y es un buen cristiano. Conoce a una dama a la que tiene que conquistar, y usualmente lo hace. En el hilo de la novela pasan muchas batallas, para demostrar lo poderoso que es el protagonista, siempre a medio camino del final original, encontrar su identidad verdadera.

Las características de estas novelitas son que todas tienen aventuras itinerantes, es decir, una estructura arbórea que siempre desemboca a un final normalmente favorable. Se destacan las virtudes caballerescas del protagonista, con batallas y muestras de valor. También hay magia en las características de estas obras. Hay amor en la trama, siempre se tiene que conquistar a una dama.

Una edición adaptada de Ars Amandi 
En las novelas de caballerías hay una manera de proceder en cuánto al amor que tienen directamente que ver con la obra de Ovidi, Ars amandi (El Arte de Amar). En aquella época tenía que haber un período de observación a distancia que procede a la especulación antes de la declaración, pero aún antes de esta tenían que venir los tanteos y descubrir si ambos amantes se correspondían. El amor perfecto no es el amor carnal ni físico, se creía que el amor perfecto era el espiritual (el intercambio de cartas de amor y cortejo). En el amor considerado perfecto no importa si se corresponde, sólo si se es fiel.
 
El amor apasionado, en la Edad Media estaba considerado como una enfermedad. Se imprimía la imagen de la amada en el cerebro y no se podía olvidar su rostro. Siempre pensaba en ella, hasta no comía y se cerraba en banda. Este amor se encuentra en poesía trovadoresca sentimental, en las novelas sentimentales, como Tristán e Isolda.

El gran éxito de Chrétien de Troyes llega a la Península, gracias a las traducciones del fracés al castellano, y inspira a algunos escritores obras propias como Gran conquista de Ultramar (1291-1295), Libro del caballero Zifar (1300) y Amadís de Gaula (s. XIV).

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